EL EDITORIAL Y LA OBSECUENCIA

“RELACIONES TEMPESTUOSAS CON EE. UU.” es el título del editorial del diario capitalino El Comercio, (13.9.08); su subtítulo: “Una mala hora caracteriza a la política internacional de los países gobernados por populismos de izquierda”.  Reproducimos su primer párrafo: “Nueve víctimas en el Departamento de Pando, en Bolivia, no son causadas por los EE. UU:, aunque se expulse a su Embajador;…” ¿Tan fuertes son los contactos del editorialista con la Embajada norteamericana, con el Departamento de Estado, con la CIA o con cualquiera otra instancia de ese país para contar con una información de primera mano a fin de realizar esa categórica afirmación? Y de tenerla ¿Habría que dar crédito a tal ingenua confesión? ¿Quién le ilustró sobre la inocencia del gobierno yanqui en los sucesos de Bolivia, en la estimulación a los desórdenes, el vandalismo y el terror, amén del alimento a la criminal política separatista de aquellos  prefectos que ven con buenos ojos la balcanización de su propio país?

Otro párrafo: “Por su parte, Ecuador desahució el convenio de la Base de Manta y el Presidente aún no recibe, luego de mes y medio de llegada, las credenciales de la Embajadora de EE. UU.; sin duda una descortesía, solo explicable por la estrategia electoral del Gobierno”. ¿No recuerda, el editorialista, que el Presidente Correa afirmó en la propia campaña electoral, categóricamente, que el Convenio de cesión de la base de Manta, no va más al término del plazo convenido? ¿Averiguó las razones por las cuales no se realiza la recepción de las Cartas Credenciales a la flamante embajadora –otrora virrey? ¿No tiene, en su claro criterio(¿), otra explicación que la de propósitos electorales? ¿Cómo así? Querría ello decir –y en buena hora- que la mayor parte del electorado ve con buenos ojos el alejamiento a la política imperial del señor Bush y sus áulicos.

Un párrafo más: “El antiguo imperialismo de EE. UU. –que se practicó durante buena parte del siglo XX- parece que ha sido superado.” ¿Y qué es, entonces lo que viene pasando en el siglo XXI? ¿No fue público el apoyo imperial al fallido golpe de Estado contra el Presidente Chávez en años recientes? ¿No es política imperialista, cruenta y brutal, la agresión a Irak y a Afganistán? ¿De cuándo acá se habrá producido un viraje de 180 grados en la concepción del “destino manifiesto”, según la cual los amos del norte se consideran ungidos por el Creador para gobernar el mundo? ¿Tal cambio se habrá gestado, y ejecutado, precisamente en los períodos más agresivos de la vida republicana norteamericana: los del señor George Walker Bush?

Una joya más, fruto de la filosofía política del diario: “por su parte, esos erráticos países –se refiere el editorialista, a Argentina, Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador-  fundados en convicciones ideológicas de la época de la Guerra Fría, juegan irresponsablemente al nacionalismo desde la vertiente populista”.  Es el mismo discurso que, inspirado en los “ideólogos” criollos del neoliberalismo, adjetiva de populista a toda propuesta de cambio, a toda política socio – económica que se salga de los andariveles construidos por el neoliberalismo fondomonestarista, ahora en franca decadencia. Modelo cuyo sustento fundamental –a la manera del shock que diseñó el inefable Milton Friedman- fue el despedazamiento de los derechos laborales en nuestra Patria.

Concluye el editorial de marras con esta perla: “Ahora la potencia  solo observa sardónicamente la ruta de los países que decidieron suprimir el futuro y espera sentado ver pasar el cadáver de sus adversarios” (¡!).  Es, ni más ni menos, que una variante del enfoque  de Fukuyama: con el capitalismo se acaba la Historia.  El sistema es la cúspide en el desarrollo de la sociedad humana.  Todo lo que los otros hagan, cualquier intento de un camino independiente, soberano y, sobre todo, orientado a la humanización verdadera de la especie es “suprimir el futuro” y está condenado al fracaso. Se convertirán, quienes eso pretendan, en los cadáveres que el profeta editorialista vislumbra para corto o mediano plazo.  Claro, señor editorialista, algunos cadáveres, muchos, millones quizás habrán de darse en la lucha libertaria, sobre todo cuando el imperio, si se cumple el péndulo, abandone sus retóricas de democracia e institucionalismo y  retome el auspicio a las guerras que ensangrentaron Vietnam y las dictaduras que hicieron otro tanto en Indonesia y América Latina.  Para que aquello no acontezca deberán estar bien despiertos los pueblos que ahora se desperezan de la pesadilla neoliberal.

Mientras tanto, señor, señores que editorializan en El Comercio,
¡Hasta cuándo tanta obsecuencia!

Jaime Muñoz Mantilla
C. c. 1702447747