Giuseppe De Marzo (Il Manifesto).- El cielo toca  las techos  de las casas de ladrillos rojos que se sobreponen una sobre la otra en las calles de La Paz. La tierra se confunde con las caras de los Aymara y de los Quechua que llenan las calles que comunican la capital boliviana con la ciudad de El Alto, cuna de la rebeliόn social e indígena que entre el 2000 y el 2006 derrotό la privatizaciόn del agua y del gas impuesta por las multinacionales, el FMI y  el BM e hizo retroceder la represiόn militar que conllevό a la fuga y la renuncia de dos presidentes.

 

En la caravana organizada por A Sud y los movimientos italianos participaron también exponentes del PRC, estuvieron los Ponchos Rojos, la vanguardia de la resistencia indígena hija de Tupak Katari y Bartolina Sisa, símbolos de una lucha que atraviesa siglos de historia.

La Caravana da continuaciόn al encuentro del pasado 29 de octubre en el edificio ocupado de Via De Lollis en Roma con el presidente Evo Morales quien en aquella histόrica e inédita ocasiόn, encontrό los principales movimientos italianos, desde el Val di Susa al No dal Molin, pasando por Action, A Sud, el Forum dall’ acqua, la red rifuiti zero, los colectivos estudiantiles, la Fiom y los sindicatos de base, entre otros.

Estamos aquí para  “devolver” la cortesía en un momento de gran importancia para la transformaciόn social de este país. Cambios que parten de la defensa de los bienes comunes, las formas inéditas de autogobierno y de democracia participativa, que apuntan a un nuevo contrato social construido sobre los derechos y la participación y que imagina por primera vez la superaciόn en el plano internacional de las instituciones financieras y comerciales que en estos últimos veinte años han sido la base de la exclusiόn social, de las guerras, del empobrecimiento del planeta y de sus habitantes.

 

“Evo cumple, mi revoluciόn avanza” está escrito en todos los muros y es el sentido de los encuentros que se siguen en varios lugares del país con los dirigentes de la Fejuve, de la COB, de la COR, de los comités del agua, de las organizaciones campesinas, que afirman cómo en este momento la derecha, junto con las oligarquías locales sostenidas por el gobierno estadounidense y las multinacionales, que no han digerido la “nacionalizaciόn de los hidrocarburos, están buscando desestabilizar el país y destruir de cualquier modo posible el cambio en curso.

 

Un proyecto ya puesto en marcha el 11 de enero del año pasado, cuando en Cochabamba los poderes fuertes utilizaron a la “juventud de Santa Cruz” declaradamente fascista y racista, para intentar imponer con las armas la autonomía de los territorios ricos en recursos energéticos, que ya habían rechazado el referendo sobre la autonomía propuesto por los prefectos de las regiones de la llamada media luna. “A matar al indio” era el lema base de esos días en los que los campesinos y los movimientos debieron contrarrestar el asalto que apuntaba a dejar el país en el caos y que provocό tres muertos y doscientos heridos.

 

A un año de aquel 11 de enero, la “revoluciόn democrática” avanza y a la orden del día está la nueva Constituciόn promovida por la asamblea constituyente, querida por los movimientos, que por primera vez no sόlo reconoce la existencia de una país plurinacional y multicultural, sino que también expresa la inviolavilidad de algunos derechos fundamentales y afirma la defensa de los bienes comunes y de los servicios básicos como elementos fundacionales del nuevo contrato social. Dentro de cuatro meses el pueblo será llamado a votarla y sobre esto se juega un importante partido.

 

Los movimientos, no obstante reivindican su autonomía, son conscientes del momento histόrico y están comprometidos en apoyar la nueva Constituciόn que representaría una conquista enorme para aquellos que siempre han sido excluidos del “progreso” y de las inmensas riquezas energéticas del país, despojado en estos quinientos años de grandes fortunas pero todavía extremadamente rico.

 

También fuimos recibidos por los Ponchos Rojos en la ciudad de Achacachi, capital de la rebeliόn Aymara, en la provincia de Omasuyo, el alcalde Eugenio Rojas y los miles de ciudadanos en asamblea permanente nos expresan su decisiόn de avanzar en este terreno. Una fiesta bellísima en la que se da inicio a un proyecto de cooperaciόn desde la base, sostenido por la alcaldía y la provincia de Roma, que reforzará la soberanía alimentaria e hídrica de miles de familias.

 

La cooperaciόn fue otro de los argumentos afrontados por la caravana durante los encuentros con los movimientos. Solicitudes precisas que apuntan a reforzar la autonomía, sostener la defensa de los bienes comunes y construir una agenda política común. Como el proyecto que la caravana inaugura en Cochabamba, la ciudad de la guerra del agua, en la comunidad de Chilimarca, donde por primera vez fue  realizada una red de alcantarillado en total autonomía que beneficiará ocho mil personas. Son los “guerreros del agua” que no obstante los años de lucha no contaban con el acceso a los servicios básicos.

 

Un proyecto “alternativo” llevado a cabo por A Sud y sostenido por la provincia de Venecia con la instituciόn de un impuesto de un centavo por metro cúbico consumido, que demuestra como es posible imaginar una cooperaciόn distinta en la que sea la comunidad la que decida, administra y sea la propietaria de la estructura. 

 

Bolivia es un laboratorio en muchos frentes, también en lo que tiene que ver con la formaciόn universitaria, como nos explica el rector de la UPEA, la Universidad Autόnoma de El Alto, nacida precisamente en el 2000. Aquí se experimentan formas de gestiόn en común con los estudiantes, se enseña entre otras cosas “cosmogonía aymara” y se participa en las luchas sociales, en las manifestaciones y en los procesos de transformaciόn del país. Una universidad única en el mundo, construida y sostenida por las bases.

 

Ultima etapa de nuestra misiόn: el Palacio Quemado en la Plaza Murillo. Fuimos invitados por el presidente Evo Morales al palacio de gobierno. Un palacio que ninguno habría llegado a pensar que fuera habitado por un indígena, sindicalista y cocalero. Entregamos a Sacha Llorenti, viceministro de la presidencia para las relaciones con los movimientos sociales, la carta de apoyo que los movimientos italianos prepararon para expresar su soporte. Un momento simple y profundamente emocionante. Aquí en Bolivia el cielo está muy cerca a la tierra, y  es posible imaginar aquello que en otras partes parece imposible.