Dr. Hugo Villar (*) (Agenda Radical).- Uno de los pilares de una reforma del sector salud y de la implementación del Sistema Nacional de Salud es una política de medicamentos. A su vez, son aspectos fundamentales de esa política, la elaboración de un Formulario Terapéutico de alcance nacional basado en medicamentos genéricos, los procedimientos de compra, el apoyo y fortalecimiento de la industria farmacéutica nacional y la racionalidad en el uso basada en criterios científicos.

El buen uso del medicamento, constituye uno de los recursos terapéuticos más importantes. Pero del medicamento también se hace abuso y mal uso. El abuso y el mal uso, están estimulados por la propaganda comercial de los productos.
Si la atención a la salud se encara como un derecho de todos, los medicamentos constituyen un insumo imprescindible, que debe estar al alcance de todas las personas.
Si es una mercadería librada a las leyes del mercado, su costo resulta inaccesible para amplios sectores de la población, y la atención a la salud deja de ser un derecho.

Las marcas comerciales de medicamentos, contienen principios activos que constituyen los llamados medicamentos genéricos. El mismo medicamento genérico, puede ser vendido con varios nombres comerciales, y a precios totalmente diferentes.

Durante nuestro trabajo en la Dirección del Hospital de Clínicas pudimos comprobar que para el mismo medicamento genérico los precios de las diferentes marcas comerciales, varían hasta de 1 a 5. Esto es que el mismo medicamento puede valer 100 ó 500, según la marca comercial. En el hospital universitario las licitaciones de medicamentos se realizan por nombre genérico. El Comité de Terapéutica integrado por especialistas de diferentes disciplinas realiza la selección para la compra de cada medicamento genérico, teniendo en cuenta el mejor precio. Las únicas excepciones pueden darse si hay fundamentos científicos comprobados, que aconsejen determinada marca comercial aunque sea de mayor precio. Esa política permite evitar una suma cuantiosa de gastos que no resultarían justificados, porque responden a intereses puramente comerciales y no a razones científicas. Esta experiencia está debidamente documentada desde hace muchos años y es concordante con la información internacional recogida por la Organización Mundial de la Salud.

El mercado mundial de medicamentos en las economías capitalistas, está estimado en 170 billones de dólares anuales, y es un mercado basado fundamentalmente en el lucro.

Según un estudio realizado sobre la situación del mercado de la industria farmacéutica en el Brasil, se pudo comprobar que algunos medicamentos resultaban 20 veces más caros en Brasil, que el promedio del precio de venta a nivel internacional. Esta situación se da porque el precio de venta de los medicamentos no está dado por el costo de producción más la ganancia correspondiente, sino que está determinado por la demanda del mercado local. Si la demanda aumenta, el precio aumenta hasta que el mercado lo tolere. De manera que el precio puede ser totalmente diferente de un país a otro.
Lo racional sería que el médico recetara el medicamento genérico y no la marca comercial. Sin embargo, en nuestro país lamentablemente esto no es así. Por esa razón las instituciones asistenciales se ven obligadas a mantener un stock enorme de medicamentos de marca por razones puramente comerciales, sin que ello responda a necesidades de una buena atención.
Como expresa Marcia Angell, editor en jefe por más de 20 años, de la publicación científica New England Journal of Medicine, el mayor generador de costos en la industria farmacéutica actual no es la fabricación de los medicamentos, ni tampoco las inversiones en investigación y desarrollo, sino los gastos derivados de la comercialización o mercadeo de sus productos, que incluyen millonarios desembolsos para realizar estudios de mercado, análisis de los competidores, estrategias de posicionamiento, extensión de patentes, distribución, promoción, publicidad y ventas de sus productos, así como los gastos administrativos necesarios para mantener estructuras multinacionales, los que incluyen astronómicos salarios pagados a sus principales ejecutivos.
Esa situación del mercado de medicamentos, que tiene una incidencia tan importante en el uso correcto y en el costo de los servicios, ha llevado a que desde hace muchos años la Organización Mundial de la Salud haya mostrado una preocupación muy importante en el sentido de encontrar formas de disminuir costos pero sin desmedro de la calidad asistencial. Es así que desde hace años ese organismo viene publicando la Lista Modelo de Medicamentos Esenciales, que está en su 13ª edición. Esta lista incluye poco más de 200 medicamentos, con los que se pueden resolver la gran mayoría de los problemas de salud. Sin embargo el número de marcas comerciales es de varios miles; en algunos países se comercializan más de 40.000 especialidades farmacéuticas.
En nuestro país, donde no existe todavía una política nacional de medicamentos, las instituciones de atención a la salud, gastan casi el 40 % de su funcionamiento en medicamentos; y a veces más.
Es misión fundamental de un futuro Sistema Nacional de Salud, asegurar el acceso de todos los habitantes a una atención de buena calidad y brindada en forma equitativa.
Es responsabilidad del Estado desarrollar todos los mecanismos necesarios para que esos objetivos tengan aplicación real en la práctica.
Si el Uruguay firmara un Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, sería imposible desarrollar una política de medicamentos sustentada en el derecho universal a la atención de la salud.
En los Estados Unidos la salud no es un derecho sino una mercancía, y la atención a la salud es encarada como un negocio altamente lucrativo. Su industria farmacéutica ocupa el segundo lugar luego de la industria de armamentos. Se lleva el 25 % de lo que ese país invierte en salud. Es el país que gasta más en salud. Sin embargo, más de 43 millones de personas, no tienen acceso a los servicios de salud. Es el país desarrollado donde se registran los mayores índices de desigualdad, de falta de equidad. Según un Informe de la Organización Mundial de la Salud del año 2000, si se tienen en cuenta los resultados en materia de salud, EEUU ocupa el lugar 37º entre 191 países. Es un sistema altamente ineficaz, ineficiente e injusto.

A pesar de esos resultados, su gobierno y los organismos comerciales y financieros internacionales que representan los intereses de los Estados Unidos, como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y la Organización Mundial de Comercio, pretenden imponer en el campo de la salud las políticas de mercado, que han demostrado su fracaso total en el mundo. Todos los demás países desarrollados, han abandonado esas políticas, han evolucionado hacia sistemas organizados sobre bases de accesibilidad universal y son financiados a través de la seguridad social.

Para nosotros, las políticas de salud que aplica EEUU no solamente no nos sirven de modelo, sino que resultan totalmente reñidas con la doctrina nacional en materia de salud que hemos ido elaborando a lo largo de 40 años, con la participación activa de las organizaciones sindicales, sociales y académicas del campo de la salud.(***)

Resulta útil además, recordar algunos antecedentes por demás demostrativos, ocurridos en 2005 mientras se negociaban Tratados de Libre Comercio con los Estados Unidos, en algunos países de América:

- la exigencia por parte de la delegación norteamericana de que uno de los negociadores por Colombia, un reconocido experto en propiedad intelectual a favor del acceso a la Salud Pública, fuese retirado como negociador oficial desde las primeras rondas del TLC andino,
- al final de la penúltima ronda de negociación del TLC andino, celebrada en Cartagena, Colombia, durante los días 19 al 25 de Septiembre de 2005, un grupo de negociadores del equipo de Propiedad Intelectual de la delegación colombiana hizo pública una carta dirigida al Jefe de los negociadores de ese país, en la que expresaban su renuncia a continuar en la negociación debido a las exigencias de Estados Unidos en el área de patentes y protección de datos de productos farmacéuticos, potencialmente muy peligrosas para el acceso a medicamentos asequibles. Los negociadores lamentaron que esta cuestión tan sensible quede a merced de una decisión política en la última ronda, donde la salud se negocie bajo otros objetivos comerciales.

La renuncia de estos negociadores se sumaba a los problemas que estaban causando las presiones de los equipos negociadores norteamericanos para que los países en desarrollo adopten medidas de protección de patentes y datos de prueba sobre los medicamentos a favor de un monopolio de los productos patentados de marca y en detrimento de que se puedan comercializar productos genéricos nuevos que ayuden, mediante la libre competencia, a que los precios se reduzcan.

- Otro antecedente similar se registra al negociar el DR-CAFTA (Acuerdo de Libre Comercio entre Centroamérica y EE.UU) donde también se ejercieron presiones sobre el gobierno de Guatemala para implementar un decreto que bloqueaba la comercialización de genéricos, así como otros hechos que revelan la intención de forzar, por parte de los técnicos norteamericanos, a ir más allá de los Acuerdos de Propiedad Intelectual firmados en la OMC y menoscabar la Declaración de Doha, donde se daba prioridad a la Salud Pública por encima de otros intereses comerciales.

Estados Unidos de América a través de los TLC, aplica en el campo de los medicamentos, criterios similares a la doble política que aplica en materia de subsidios agrícolas: mientras pone todo tipo de trabas para el uso en los demás países de medicamentos genéricos, dentro de su país el 42% de las recetas médicas son de medicamentos genéricos a un costo medio del 30% inferior a los medicamentos de marca, representando E.E.UU, Japón y Alemania el 70% del mercado mundial de genéricos.

La organización no gubernamental ''Médicos Sin Fronteras'', ganadora del Premio Nobel de la Paz en 1999, después de analizar los Tratados de Libre Comercio firmados con los EEUU por varios países, ha realizado un llamamiento urgente a los países latinoamericanos ''para que se manifiesten de manera negativa a las restricciones que se pretende imponer en esos Tratados. En los mismos se establece que no se podrán registrar genéricos si una versión del producto ya está registrada en el país.
Asimismo, tendrán que otorgar derechos adicionales de exclusividad de mercado, prohibiendo a las autoridades farmacéuticas usar los datos de prueba de los medicamentos originales, necesarios para el registro de genéricos, lo que se conoce como "exclusividad de datos", que por cierto beneficia a las trasnacionales del imperio. Estas imposiciones exceden los estándares establecidos por la Organización Mundial de la Salud.'' (**).

Estas son imposiciones que resultan totalmente inaceptables, no sólo porque limitan la capacidad de decisión de nuestros gobernantes, sino porque atentan contra la industria farmacéutica nacional y contra la salud de la población.

Los Tratados de Libre Comercio con los Estados Unidos, son lesivos para la soberanía de los países latinoamericanos. Constituyen un instrumento más de dominación económica, política y social. En el campo de la salud, establecen condiciones que van contra derechos humanos fundamentales como son el acceso a los avances de la ciencia, de la tecnología, y en particular el acceso a los medicamentos, considerados como un bien universal accesible a todos y no como un artículo de lujo inaccesible para muchos.

Consideramos en cambio que en el MERCOSUR se dan condiciones muy favorables para desarrollar una política de medicamentos de alcance regional.
En primer lugar, porque existe en nuestros países una capacidad instalada muy importante en la industria farmacéutica, que debería ser utilizada e impulsada por los gobiernos de la Región, lo que redundaría en grandes beneficios en cuanto a la calidad, la bioseguridad, y los costos de producción.
En segundo lugar, porque en materia de normas, los países hermanos han aprobado recientemente leyes muy importantes en defensa del consumidor, y dirigidas a incorporar racionalidad en el uso del medicamento.

En el Brasil, con fecha 10 de febrero de 1999 se sanciona la ley 9787, creándose la categoría de "medicamentos genéricos" ''con el objeto de implementar una política de precios más acorde con la realidad socio-económica del país''.
Los pilares principales de su política nacional de medicamentos son la formulación de un listado de medicamentos esenciales (RENAME) y la promoción del uso de medicamentos genéricos. El mercado de medicamentos de Brasil asciende a 7500 millones de dólares/año

Argentina ha registrado también avances muy importantes. Dice Federico Tobar, Coordinador General del Programa REMEDIAR. ''Con la Política Nacional de Medicamentos (PNM) el cuadro se revirtió totalmente. A partir de 2002 el Ministerio de Salud de la Nación, apoyado por las entidades sectoriales y los ministerios provinciales, desplegó una política sobre tres ejes: 1) Utilización de los medicamentos por su nombre genérico (Ley 25.649/02); 2) selección racional de los productos a ser financiados con recursos colectivos (con el Programa Médico Obligatorio de Emergencia y el Formulario Terapéutico) y 3) provisión pública y gratuita de medicamentos esenciales a los enfermos ambulatorios (Programa Remediar)''.

Creo que también en este campo, tan sensible para la salud de nuestra población, la opción resulta muy clara: El Uruguay debería integrarse a una política regional de medicamentos con nuestros países hermanos del MERCOSUR, con quienes compartimos problemas, dificultades y al mismo tiempo perspectivas muy favorables para un futuro mejor.


(*) Médico, ex director del Hospital de Clínicas y candidato a Intendente de Montevideo por el Frente Amplio. Uruguay.


(**) Ver Agenda Radical Nº 314, del 24/8/2006, "El TLC es peligroso para la salud".(Nota de A.R.)