(Isaac Yuyo Rudnick).- En enero de 2004, los Movimientos Populares de treinta cuatro países de América Latina reunidos en La Habana en el III Encuentro Hemisférico de lucha contra el ALCA decidimos redoblar los esfuerzos para oponernos a las negociaciones en curso que –evaluábamos- marchaban inexorablemente hacia la instalación del Arrea de Libre Comercio para las Américas bajo las fuertes presiones de los EEUU, y abonado por las concesiones de los gobiernos de la región. Sin embargo la reunión ministerial que se realizó en Puebla a principios de febrero mostró a los países del Mercosur encabezados por Argentina y Brasil, en coincidencia con Venezuela, firmes en exigir contraprestaciones claras para avanzar en el intercambio de concesiones, a la vez que decididos a no abrir determinadas áreas de nuestras economías nacionales. Esto motivó el fracaso de esa reunión de alto nivel, y se constituyó en el primer traspié fuerte en el proceso de negociaciones que hasta ese momento parecía avanzar como una aplanadora.
Dos nuevos encuentros “informales” convocados de apuro por EEUU en marzo y abril en Buenos Aires, con el objetivo de encarrilar a los díscolos, también fracasaron, entrando todo el proceso en una vía muerta. Un año y medio después, en noviembre de 2005, los países del Mercosur y Venezuela en la reunión de presidentes de la OEA, volvieron a decir No al ALCA, esta vez en la cara del propio Bush, enterrando definitivamente la propuesta norteamericana. En cada uno de estos acontecimientos estuvieron siempre presentes importantes movilizaciones populares que expresaron su repudio a las pretensiones neocolonialistas de los EEUU.
Los nuevos vientos cobran fuerza
Los nuevos vientos que habían empezado a soplar con la llegada de los gobiernos de Chávez en Venezuela (1998), Lula en Brasil (2003) y Kirchner en la Argentina (2003) no sólo que no amainaron sino que comenzaron a tomar mas fuerza. El fracaso de la intentona golpista contra Chávez en abril de 2002 es el primero de una serie de retrocesos que sufre la derecha de Venezuela, y que se completan con el fracaso del paro petrolero en diciembre de 2003, y la derrota del plebiscito en agosto de 2004, del cual el gobierno bolivariano emerge ampliamente fortalecido. Durante el año 2004 el gobierno de Néstor Kirchner encara el difícil camino para liberarse del yugo del FMI sostenido durante décadas sobre el chantaje de la deuda externa.
Camino que va desde la quita a los tenedores de bonos por un monto de 70.000 millones de dólares impuesta a principios de 2005, hasta el pago total de la deuda al mismo FMI a fines de ese año, lo que deja liberado al país de tener que discutir con ese organismo cada paso de la política económica nacional. En los primeros meses de 2005 se agudiza la confrontación política y social en Bolivia que termina con el gobierno de Carlos Mesa y abre el camino para la contundente victoria electoral de Evo Morales en diciembre. En ese mismo año la derecha lanza una durísima campaña contra el presidente Lula en Brasil, que si bien en los primeros meses logra conmoverlo no alcanza para desestabilizarlo, encaminándose en definitiva la situación en estos días hacia un nuevo triunfo del PT en las presidenciales de noviembre, lo que nos permitirá tener a Lula en la presidencia de Brasil hasta el 1 de enero de 2011. El 31 de marzo de 2005 Tabaré Vázquez gana las elecciones en primera vuelta en Uruguay culminando treinta años de una construcción que el Frente Amplio levantó ladrillo sobre ladrillo.
En estos años también se produjo el triunfo, la traición y el derrocamiento de Lucio Gutiérrez en Ecuador, mostrando –al igual que con Carlos Mesa en Bolivia- que se reduce crecientemente el margen para los que ganan elecciones prometiendo salir del modelo neoliberal, y cuando llegan al gobierno hacen lo contrario.
Una nueva integración está en marcha
Esta enumeración sucinta de los hechos, que no pretende ser taxativa, tiene la importancia de, a la vez que recordarnos todo lo que sucedió en poco menos de dos años, también nos permite entender en que condiciones llegamos a la actual etapa del proceso de integración regional. Etapa en la que avanzamos día a día, ya no sólo por la voluntad política de los presidentes –condición indispensable pero no suficiente- sino que es consecuencia de cientos y miles de pequeños y grandes acontecimientos que suceden al interior de nuestras fronteras nacionales, que consolidan caminos hacia la construcción de un modelo económico, político y social al servicio de las mayorías nacionales. Y esto es lo que le da mas fuerza y despierta grandes expectativas en todos nosotros.
Aun cuando enfrenta importantes dificultades y está atravesado por múltiples contradicciones el presente año encuentra al Mercosur emergiendo fortalecido, mostrándose como una clara alternativa a los nefastos TLC que los EEUU intentó primero imponernos atándonos a todos en un solo paquete, y ahora busca introducirnos mediante acuerdos bilaterales o regionales. La incorporación definitiva de Venezuela como miembro pleno, el 4 de julio en el acto de Caracas, es una fuerte señal en esa dirección.
Sobre finales del 2004 en la reunión de presidentes realizada en Cuzco, Perú, se lanza la Comunidad Sudamericana de Naciones. Es una vía paralela con fuertes puntos de convergencia con el Mercosur y de hecho sus países están entre los principales impulsores de la idea, que deberá ser el gran objetivo de los próximos tiempos: el del proyecto de integración que abarque a todos los países de Sudamérica. Pero es importante tener presente que el camino hacia esa meta pasa inexorablemente por el fortalecimiento y crecimiento del Mercosur, que con la incorporación de Venezuela a dado un paso en la dirección correcta.
Las asignaturas pendientes
La integración se va desarrollando en la medida que las necesidades nos empujan a encontrarnos para resolver problemas que son comunes o que tienen resolución complementaria. El primer problema que enfrentamos es como a la vez que crecemos, distribuimos equitativamente. El principal capital con que contamos son nuestros recursos naturales, a los que en la mayoría de los casos tenemos que recuperar pues en los años recientes nos fueron expropiados. A la vez tenemos que transformar mecanismos de intercambio que nos fueron impuestos con el fin de consumar el saqueo de estos recursos, instrumentando otros que tengan el fin de un intercambio justo, sentando las bases para el ansiado crecimiento con equidad.
El problema energético aparece como uno de los grandes temas actuales de la integración. Para algunos es una limitación y buscamos resolverla integrándonos con nuestros vecinos. Para los otros es el capital con el que cuentan para obtener los recursos indispensables para cubrir las necesidades de las mayorías. La voluntad política de construir juntos va encausando la resolución de las inevitables tensiones que producen cambios profundos en corto tiempo. Y allí están los proyectos de grandes obras indispensables (gasoductos, exploración y explotación petrolera, etc.) que además atraen la participación de grupos monopólicos nativos y multinacionales.
En la Argentina –al decir del presidente- estamos saliendo del infierno. Esto significa que logramos detener la aplanadora neoliberal que se abatió sobre nuestra Patria durante varias décadas, y estamos en condiciones de empezar a construir ya no sólo el país “que podemos” , sino –por lo menos en parte – “el que queremos”.
¿Quiénes serán los principales actores del crecimiento? ¿Cómo promovemos efectivamente el crecimiento con equidad y el intercambio justo dando lugar a que participen no sólo las grandes empresas que hasta ahora han tenido un protagonismo excluyente?
Y en este sentido es posible avanzar algunos pasos más.
Los bancos tienen hoy recursos suficientes para abrir líneas de crédito hacia las PYMES, tanto para producir para el mercado interno, como para exportar, pero esta política muchas veces anunciada sigue trabada en una maraña burocrática, tanto en la banca privada como en la pública.
Las oficinas del estado que deben impulsar su promoción efectiva y su proyección en los mercados latinoamericanos siguen la inercia de privilegiar de manera casi excluyente a los grandes grupos, o apoyan a supuestas PYMES que en realidad son subsidiarias creadas por los grandes grupos para que las PYMES genuinas no les compitan tampoco en estas franjas.
Las cooperativas, los microemprendimientos y las redes de economía social, están absolutamente ausentes en los ámbitos oficiales, de cualquier horizonte de participación real en la integración.
En la mayoría de los casos (sino en todos) en los que se firman acuerdos concretos con otros países para la promoción del intercambio en estas franjas, se pierden en el cajoneo y nunca llegan a concretarse.
Se han hecho avances muy importantes para buscar y promover la participación directa de la sociedad en los debates de los temas de integración, pero aun falta mucho por hacer. Es indispensable traer a mesas mixtas de trabajo a los sindicatos, organizaciones de derechos humanos, movimientos sociales, de mujeres, ONGs, de pequeños y medianos empresarios, etc. Muchas de ellas están funcionando pero hay que darles funciones mucho mas concretas que el mero rol de mesas de debate, y otras hay que construirlas. La participación de los vecinos en el conflicto ambiental de Gualeyguachú es un ejemplo a seguir, tanto por la decisión de los vecinos de sostener sus reclamos, como por la voluntad política de nuestros funcionarios de recibir sus propuestas. Tenemos que promover muchos ámbitos de estas características.
La foto de Caracas de los seis presidentes –los cinco del Mercosur y Evo- es una extraordinaria expresión de estos nuevos tiempos para la integración regional. Los discursos pronunciados por cada uno de ellos, y en especial el del Presidente Kirchner en la Asamblea Nacional de la República Bolivariana, lo corroboran claramente. Pero hay que pelear para que esa foto se siga llenando de contenido popular. Para que todos los sectores nos beneficiemos y seamos protagonistas de la integración. Para que no sea apropiada solo por los que hasta ahora han participado en forma excluyente de todos los mecanismos de intercambio.
En esto, los movimientos populares tenemos una responsabilidad fundamental. No podemos esperar que vengan a llamarnos. Debemos ir a todos los ámbitos nacionales y regionales a exigir que haya mecanismos de participación y decir presentes con nuestras propuestas allí donde estos ya existen y en los nuevos que se estan abriendo. Pero en esta región sur del continente ya no tiene sentido que sigamos convocando nuestros encuentros como “contracumbres, o cumbres paralelas”. Debemos seguir organizándolos para elaborar nuestras propuestas, sintetizar posiciones y experiencias y articular acciones comunes, con independencia y autonomía. Pero a la vez que las llevemos a los sectores sociales a los que representamos, si no nos sirven para ir a debatirlas con los representantes de nuestros gobiernos, buscando que se conviertan en políticas públicas, es un esfuerzo desperdiciado que sólo quedará en el campo testimonial.
Es difícil pensar que en Córdoba haya una “Cumbre de los Pueblos” o un “Mercosur de los Pueblos” que no incluya la reunión en la que participarán Evo, Chávez, Lula, Kirchner, Tabaré y posiblemente Fidel.
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