Alejandro Villamar (Alai-amlatina).- En un artículo reciente difundido por ALAI “México La contienda electoral” (1) el autor se pregunta y se responde sobre una supuesta ausencia de las posturas políticas de los tres principales candidatos a presidente de México, sobre la globalización y el nuevo mapa político latinoamericano.
Sin embargo, una lectura y análisis cuidadoso muestra que detrás de la “guerra de lodo” entre los candidatos, que los media reproducen, amplifican y reciclan, las posturas existen, pero se le ha escamoteado a la opinión pública los razonamientos, las propuestas y compromisos políticos sobre estos importantes temas de los tres principales candidatos: Andrés Manuel López Obrador (PRD), Felipe Calderón Hinojosa (PAN) e incluso en Roberto Madrazo Pintado(PRI) quienes los han planteado con diferente acento, prioridad y detalle.
Dos fuentes directas de lo que proponen y se comprometen públicamente los candidatos están disponibles en la red: 1) Las Plataformas Electorales 2006 registradas ante el Instituto Federal Electoral (IFE) y 2) Las declaraciones y discursos en reuniones con distintos sectores sociales contenidas en las páginas electrónicas de los candidatos
Así, sobre el tema de la globalización, existe una divergencia profunda de concepción y enfoque. Mientras AMLO (PRD) pone el acento en la naturaleza política del fenómeno y propone “Una Globalidad Alternativa”, FCH (PAN) y RMP (PRI) acentúan su naturaleza económica y propone, el primero “aprovechar sus ventajas”, mientras el ultimo se propone darle “rostro humano”
Aún más, AMLO propone para una “globalidad alternativa”, entre otros: “275. Regular los procesos de la globalización de manera que esta sea integradora, equitativa, incluyente y democrática, así como solidaria y edificadora de una paz duradera entre todos los pueblos.” En tanto que para la dimensión financiera alternativa detalla: “279. Promover la regulación internacional de los flujos mundiales de capital mediante el establecimiento de un gravamen sobre las transacciones financieras (impuesto Tobin) y el establecimiento de reglas internacionales de comercio que compensen las disparidades entre naciones.”
Y sobre los instrumentos económicos de la globalización dominante: “280. Evaluar y complementar los tratados de libre comercio vigentes, bajo los siguientes principios: equidad de condiciones en las relaciones económicas; creación de fondos compensatorios de desarrollo regional; libre circulación de la fuerza laboral; igualdad de derechos laborales, sociales y políticos para los migrantes; protección del empleo; respeto a las diferencias culturales; y corresponsabilidad ambiental.”
FCH, en su Plataforma no lo cita directamente, pero en los documentos específicos de política exterior sintetiza: “...debemos construir un sistema internacional mucho más humano, en donde la globalización que privilegia a los entes económicos pueda evolucionar hacia la mundialización, la cual reconoce las virtudes de la globalización pero que centra su acción en la persona, defiende sus derechos humanos, promueve sus libertades y favorece el desarrollo sustentable.(De aquí en adelante negritas de A.V.)(5)
El candidato del partido que dominó 70 años el poder declara: “decimos que la internacionalización del globo debe ser una buena oportunidad para cooperar y combatir desigualdades. Decir que la globalización es una buena oportunidad para superar las asimetrías que dividen a los pueblos, porque las desigualdades, son las verdaderas fronteras.”
Bien, pero más allá de la retórica de campaña ¿de que manera se traduce esas posturas sobre la “globalidad” en las propuestas programáticas y específicas de las relaciones regionales e internacionales?
Tres espacios manejan los principales candidatos: las relaciones con los EU, con América Latina y el Caribe, y con el resto de espacios internacionales.
La razón central de este enfoque es obvia. Casi todo mundo sabe que la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN o NAFTA por las siglas en inglés) fue un cambio un radical en la tradicional política exterior mexicana; específicamente un giro de 180 grados en la orientación político económica que el régimen PRIísta firmó y avaló desde su vertiente más derechista, neoliberal, y con el apoyo del partido conservador del PAN.
A partir de ahí la oligarquía político-empresarial y trasnacional impulsaron una desenfrenada carrera (de competencia con las elites chilenas) para firmar TLCés con 22 países o regiones, entre las que destacan por su peso económico la Unión Europea y Japón.
El resultado obvio es que hoy México, política y comercialmente, se ha integrado de manera subordinada a los EU y Canadá (86% del comercio total). Ese comercio con la UE es de apenas de 6%, AL &C 4% y otro 4% con el resto del mundo. Sin embargo, en la dimensión financiera basta indicar que 93% del total de los activos bancarios están en manos del capital extranjero (60% europeo).
Bajo esta dura realidad, después de América del Norte, las relaciones con el resto del hemisferio y del mundo entrañan un reto de carácter esencialmente político, en el cual hay que situar la naturaleza de las propuestas de los candidatos.
Así, en tanto el candidato de la derecha (FCH) propone dar continuidad, con matices, a la política inercial de integración subordinada de la última docena, el candidato del PRI se inclina por recuperar la retórica política nacionalista, pero bajo contenido similar al de la derecha, y AMLO es el único que ha propuesto un giro político geoestratégico y de contenidos.