(Humberto Campodónico).- La semana pasada el Senado de EEUU aprobó la construcción de un muro de 600km, que costará US$1,900 millones, a lo largo de la frontera con México para evitar la entrada de inmigrantes ilegales. Además, se reforzará la vigilancia de la frontera con 6,000 soldados de la Guardia Nacional. Esta medida es claramente demostrativa de que, en la época de la globalización, EEUU tiene dos varas y dos medidas. De un lado, quiere absoluta libertad para la movilidad de mercancías -eliminando todas las barreras arancelarias- y de capitales -abogando por la libre entrada y salida de los capitales, tanto de corto como de largo plazo-. De otro, se opone a la libre movilidad de los ciudadanos, lo que debería implicar -en concordancia con la libre movilidad del capital- la abolición de las fronteras.

Este doble estándar es aceptado por todos los países que firman un TLC con EEUU, incluido México, que lo firmó en 1994. A lo que debe agregarse que la libre movilidad incluye la libre entrada de los productos agrícolas subsidiados por EEUU, que tienen bajos precios. Eso ha causado un enorme daño a los campesinos mexicanos: han bajado los precios del arroz, 37%; frijol, 34%; maíz, 43%; trigo, 26%; algodón, 79%; soya, 53%; bovinos, 36% y leche, 32% (Jesús Silva Herzog Flores, Reforma, 8/2/2003). Como consecuencia, se perdieron 1.800,000 empleos agrícolas y se disparó la migración rural, no solo la de temporada, sino también la que marcha a las ciudades y, sobre todo, a EEUU. Así, de los 43 millones de hispanos que viven en EEUU, el 66% es de origen mexicano. Anualmente, más de 4 millones de mexicanos solicitan visa para entrar a EEUU, según el Departamento de Trabajo de EEUU (Office of Immigration Statistics), muchos de los cuales se quedan ilegalmente en ese país. Según el Pew Hispanic Center, de los 11 millones de inmigrantes ilegales que viven en EEUU, el 56% son de origen mexicano. Estos son los problemas que causan la migración. A lo que hay que agregar que, para mitigar la pobreza en el campo, el gobierno puso en marcha, hace ya varios años, el programa Oportunidades, que da transferencias condicionadas (lo que aquí es el Programa "Juntos") a más de 5 millones de familias mexicanas, con un costo de US$1,800 millones anuales, lo que equivale al 0.29% del PBI (Enrique Vásquez, "Subsidios para los más pobres", CIUP, 2005).

Añadamos que las remesas de los migrantes mexicanos serán US$22,000 millones en el 2006 (más que todas las exportaciones peruanas), las mismas que llegan al 6% de los hogares y, también, mitigan la pobreza (CEPAL, Panorama Social de América Latina 2004, página 34). Estas remesas se han convertido ya en la segunda fuente de divisas para México, después del petróleo (US$31,900 millones en el 2005). El problema de la migración no se va a resolver con muros ni con represión, sino con políticas económicas y sociales que puedan resolver el problema del empleo lo que, a ojos vistas, no ha hecho el Nafta que México firmó con EEUU y Canadá. Como no hay empleo, la gente vota con los pies y se va al norte. Para terminar, este muro de Texas, Arizona y Nuevo México evoca al muro de Berlín, aunque con diferencias sustanciales. En Berlín, los de adentro no querían que te vayas y trataban de impedírtelo a balazo limpio, pero los del otro lado te recibían con los brazos abiertos. En este muro de la globalización ?desgraciado monumento al libre comercio- los de adentro quieren que te vayas (así hay menos desempleo y pobreza y las remesas aumentan la entrada de divisas), pero los del otro lado, no solo no te quieren recibir, sino que, muy probablemente, ahora te cosan a balazos.