(Dignidad Nacional–Perú).- El torpe esfuerzo de los administradores del Estado por encubrir la critica realidad nacional es un mal crónico de los últimos 50 años…, serviles a las oligarquías y monopolios transnacionales que rigen/manipulan nuestra economía (mas del 75% de la producción, finanzas y comercio nacional), la información y nuestra educación bajo un agonizante discurso de una economía neoliberal: “democratización de la propiedad, del capital y de la riqueza como panacea para todos nuestros males”. Ya no sirve, ya no engaña más al pueblo, la evolución de la realidad contradice a las promesas electorales, la deuda externa rodea los 30.000 millones de dólares, la perdida en el sector agrario se estima en unos 120 millones de dólares…, pero el fantoche toledismo, la delincuencial dirección Aprista y la burguesía marginal de Lourdes Flores Nano, Rafael Rey, Alberto Andrade (Somos Perú), Castañeda Losio (SN) y comparsa, ponen silenciosamente o descaradamente sus esfuerzos para materializar ellascivo acuerdo al Tratado de Libre Comercio (TLC) porque según ellos "mejorará la comercialización de nuestros productos, y dará empleo…".
Pudimos ver hace poco por un canal de televisión al empresario textil Miguel Prialé, quien, entre enojos y exabruptos, reclamó que "el tratado ya debía de haberse firmado", como diciendo que no hace falta discutirlo, y acusó a los que se oponían y a los socialistas peruanos de "estar fuera de la realidad" y de oponerse al TLC por que era con Estados Unidos y que "si fuera con Cuba o con Brasil seguro que estarían exigiendo la firma". Por otro lado, en muchas oportunidades, apropiándose de una lógica futbolera que siempre termina en derrota, hemos oído al presidente que nos ha tocado en suerte decir: "el TLC se firmará, sí o sí". Con este tremendo nivel de abstracción y análisis, entonces ¿para qué negociar?
Sin embargo, este empresario y este presidente no son otra cosa que el retrato de la burguesía marginal peruana, comerciante exportadora, intermediaria, consumista, antinacional, racista y macartista. Su único interés en el TLC es comerciar y lucrar más. El desarrollo nacional autónomo y sostenido, el acumular para reinvertir no está en su proyecto. Acumulan para guardar sus capitales en algunos de los paraísos financieros, centroamericanos o europeos, a los que gusta ir de vacaciones. Así ha sido a lo largo de toda su historia, desde que se gestó, luego de la independencia y al amparo gracioso del Estado que le concedió las rentas de aduana, la exportación del guano, la consolidación de la deuda interna y la manumisión de los esclavos.
No olvidemos que nuestra Amazonia es inmensamente rica en biodiversidad natural y dada la crisis energética y medio ambiental que se agudizara en los próximos 15 años, el control sobre el agua y territorios potencialmente explotables es crucial para el imperialismo… por eso consideramos que el TLC no es un simple acuerdo comercial, no podemos permitir la destrucción irresponsable de nuestra Amazonia, no debemos permitir que se nos implanten patentes abusivas sobre nuestro propias riquezas naturales y conocimientos ancestrales, no debemos permitir que se nos siga considerando sujetos de segunda clase.
Burguesía peruana: clase dominante pero no clase dirigente
¿Cómo se han comportado los dueños del Perú a lo largo de nuestra historia? ¿Qué papel han desempeñado para generar el desarrollo capitalista de nuestro país durante la República?
El sociólogo e historiador Julio Cotler sostiene que "la burguesía exportadora peruana perdió la posibilidad de dirigir la transformación capitalista del Perú y la oportunidad de afirmarse como clase hegemónica y nacional". Afirma que su única alternativa, entonces como ahora, "fue asimilarse a la dinámica impuesta por el capital extranjero como productores enfeudados a él". Y, en relación con el aparato del Estado, dice que esta burguesía "ha demostrado su incapacidad para construir un Estado efectivamente centralizado para lograr el desarrollo capitalista del Perú".
Esta burguesía "peruana", a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, recién aparecida con el segundo civilismo, nació mamando del capital externo. Se entroncó con el capital imperialista norteamericano que controlaba el comercio, las finanzas y las exportaciones agrícolas y mineras en el Perú. Mariátegui dijo que esta burguesía era una "mediocre metamorfosis de la antigua aristocracia".
De 1939 a 1945, junto con Prado y con el APRA, estos propietarios peruanos se adhieren ir condicionalmente a la política roosveltiana de "buena vecindad", aceptando la imposición norteamericana de una política de estabilización de los precios de nuestras materias primas.
Como burguesía industrial recién comienza a desarrollarse en el país en los años 50 y 60, con Odría y Prado, pero siempre a la sombra del imperio norteamericano que seguía controlando el flujo del comercio, las finanzas y las exportaciones, y que, además, importaba de Estados Unidos las máquinas, equipos e insumos destinados a la industria en el Perú.
Cotler concluye que esta burguesía "en ningún momento de la historia peruana ha sido siquiera capaz de aglutinarse ella misma y convertirse en una fuerza social capaz de convocar y movilizar a la sociedad, de organizar y dirigir la transformación del Perú y, en consecuencia, de arrogarse el derecho de representar los intereses colectivos. No ha podido crear un sistema de gobierno estable y ordenado y siempre se ha movido bajo relaciones de clientela. Esta clase propietaria nunca tuvo la capacidad para afrontar el desarrollo de una sociedad y una política democrática y liberal". El mismo Víctor Andrés Belaúnde, comparándola con la burguesía chilena afirmaba que "Nuestra plutocracia no ha sido la tradicional y sana oligarquía agraria de Chile; la base de su influencia económica no ha sido tampoco de un modo principal el trabajo; ha sido la obra graciosa del mismo Estado...Además, ha tenido el defecto de no arraigarse profundamente en la tierra, de no solidarizarse intensamente con el país, de vivir siempre con la nostalgia de otros mundos y con el deseo intenso de marcharse".
Bajo estas consideraciones sostenemos que esta clase propietaria, que en ningún momento de su historia ha tenido un mínimo margen de autonomía respecto de los intereses del capital externo, no está calificada para negociar un tratado de comercio en nombre del Perú.
¿Bajo qué parámetros actúan los negociadores peruanos?
Por las declaraciones del presidente y sus ministros y por lo que exigen los empresarios, podemos ver que esta negociación está siendo conducida como una ''negociación de comerciantes". Sólo les interesa un acuerdo comercial, sin ubicar éste dentro de una estrategia de desarrollo. Para Estados Unidos, esta negociación tiene muy claros objetivos geopolíticos, económicos y militares; en cambio, para el inútil de Toledo, los “demócratas”-rentistas y sus comparsas sólo se trata de unos dólares mas pues "vamos a hacer un acuerdo comercial con la nación que más compra en el mundo", renunciando así a aspectos que tienen que ver con nuestra soberanía e independencia.. Evidentemente, esta actitud tiene su sustento en la idea de que el mercado es el gran regulador de la economía y que el capital externo viene para generar desarrollo. Se olvida toda la historia de inversiones directas y deuda externa que solamente generaron hambre, neoesclavitud y dependencia en América Latina, Se olvida que hoy en día el problema que más agobia al pueblo trabajador es el desempleo y el subempleo, la necesidad más apremiante de la población ha pasado a ser la diaria búsqueda de un trabajo digno, que le permita satisfacer sus necesidades básicas. Pero, diariamente se comprueba, que el régimen económico y social imperante actualmente en el país, es decir, el régimen capitalista de producción, está incapacitado para poder resolver esta demanda fundamental de los trabajadores peruanos.
La idea de que Estados Unidos es un inmenso mercado al que podemos llegar es asumida superficialmente. Pareciera que no se toma en cuenta que la peruana y la norteamericana son dos economías desiguales, con desiguales niveles de rentabilidad, con abismales diferencias en el desarrollo tecnológico y por lo tanto en la competitividad y en la concentración de mayores recursos. Al eliminarse las restricciones arancelarias de transición ¿Quién tiene mayores posibilidades de inversión? ¿En cuánto se reducirá el ingreso fiscal por esto y qué medidas se tomarán? ¿Se aumentará el IGV para cubrir este costo fiscal? En este sentido, el gobierno debería presentar al pueblo peruano cuál es el análisis costo - beneficio global y sectorial que se espera obtener de esta negociación.
Otro tema que no se ha planteado el gobierno peruano tiene que ver con el carácter constitucional de estas negociaciones, y que, al no proponer ni aprobar ninguna ley marco de las negociaciones, ha actuado, junto con el congreso, con excesiva irresponsabilidad. Los negociadores norteamericanos sí cuentan con una ley en la que se establecen sus políticas nacionales, sus límites y sus opciones para no correr el riesgo de improvisar. Sobre esta base han planteado que cualquier reforma tributaria o regulación que afecte a sus inversionistas equivaldría a una expropiación y, por lo tanto, daría lugar a una indemnización, lo que no es sino una restricción de la autonomía de nuestros países en asuntos económicos y tributarios; entonces, ¿Qué hacer frente a esto? ¿Actuar como Fujimori que firmó contratos con carácter de ley con las empresas transnacionales? Indudablemente como dice nuestro amigo Miguel Aragón (Situación Actual I): “Estos funcionarios de turno, los Belaunde, García, Fujimori y Toledo con sus respectivas cortes, son modestas “pirañas”, aunque muy voraces, acostumbradas a vivir de las migajas. Estos testaferros y traidores solo sirven para ser utilizados, para encubrir el festín de los verdaderos “tiburones” de la economía nacional, los Romero, Wiesse, Brescia, Rodríguez Pastor, Ferreyros, Benavides, Miro Quesada; las transnacionales: Telefónica del Perú, Luz del Sur, Edegel y Edelnor, Southern Copper, Minsur, Minas Buenaventura y Volcán Compañia Minera, Alicorp, Ferreyros, Ransa Comercial, Saga Falabella y Tiendas Wong y otros pocos que manejan mas del 75% de la economía nacional”. TLC: política expansionista de Estados Unidos
Dentro del sistema de la economía mundial se manifiesta un complejo juego de acciones y reacciones que determinan una escalada de acciones defensivas que tienden a la conformación de bloques económicos: el de Norteamérica, la Comunidad Europea y el Japón con el sudeste asiático.
Debido a la erosión continua de su posición económica en el mundo, causada por su astronómico déficit presupuestal, Estados Unidos trabaja por consolidar su esfera de influencia en el hemisferio latinoamericano. Espera no sólo asegurar el acceso a los recursos y mercados latinoamericano y canadiense, sino, también, usar el bloque como su base económica, política y militar para competir y combatir mundialmente... Dentro de esta estrategia se ubica el programa Iniciativa Para las Américas (IPA) impulsado por el presidente Bush padre, del cual los Tratados de Libre Comercio son una parte fundamental.
Para Estados Unidos, América Latina y el Caribe constituyen un "socio natural" en un eventual bloque continental, lo que además ha sido internalizado por los gobiernos serviles y las burguesías de la región. Basado en este convencimiento, el gobierno norteamericano tiende a concretar los TLC con los que pretende:
a) Destruir las barreras arancelarias nacionales que impiden el movimiento libre de sus empresas transnacionales y el flujo de las inversiones;
b) Consolidar su poder en los sectores económicos y militares donde las transnacionales norteamericanas mantienen ventajas comparativas, y construir nuevas barreras en contra de los competidores de Europa y Japón;
c) Transferir el poder del sector público al sector privado y colocar la discusión sobre el desarrollo nacional lejos del debate nacional, como si sólo fuera un problema de empresarios;
d) Atar los programas nacionales de liberalización económica existentes a los tratados internacionales obligatorios, como el TLC, que no podrán ser cambiados por futuros gobiernos, creando mecanismos internacionales para hacer cumplir estos estándares;
e) Otorgar a Latinoamérica y el Caribe una "conflictiva" tranquilidad basada en el convencimiento de que el libre comercio permite y asegura una inserción mundial que de otro modo carecerían, dificultando las necesarias alianzas estratégicas dentro de la región (MERCOSUR, CAN).