Isabel Soto Mayedo (PL).- Contrario a las aspiraciones de los defensores del Tratado de Libre Comercio Centroamérica, República Dominicana y Estados Unidos (TLC), que esperaban con júbilo su concreción desde el 1 de enero, éste fue postergado por Washington. Las autoridades estadounidenses determinaron la moratoria en la aplicación del acuerdo, porque consideraron que “los países socios no están preparados para implementarlo en esa fecha”.
Tal afirmación responde a que las naciones firmantes aún no completaron las reformas legislativas exigidas por el gobierno de George W. Bush para el despliegue del convenio, que podría comenzar a regir hacia febrero o marzo del 2006.
Las transformaciones a las leyes nacionales incluyen temas relacionados con la propiedad intelectual, los derechos de los trabajadores y la protección del medio ambiente, que son parte de los compromisos asumidos por los negociadores del área.
La propuesta de concluir para el segundo mes del 2006 los cambios previstos por Estados Unidos fue apoyada por El Salvador, Guatemala, Nicaragua y Honduras, mientras el legislativo costarricense continúa sin definir su posición frente al acuerdo.
Desde octubre del 2005, el mandatario, Abel Pacheco, envió a ese órgano el texto del TLC, contenido en más de dos mil 500 páginas, pero aún no hubo un pronunciamiento definitivo al respecto.
Eso se debe en gran medida a la polémica que despertó el tema en ese país centroamericano, otrora considerado un paraíso, donde ocurrieron múltiples protestas que evidenciaron la diferencia de opiniones con relación al Tratado.
Estados Unidos pretende con sus exigencias legislativas subordinar la constitucionalidad de El Salvador, Honduras, Costa Rica, Nicaragua, Guatemala y República Dominicana a los intereses de las transnacionales, coincidieron académicos centroamericanos.
Además de las intenciones geopolíticas implícitas, el TLC procura eliminar restricciones a los aranceles y otras barreras comerciales al trasiego de bienes entre el país norteño y esta área, añadieron.
Ese Tratado va más allá del comercio al requerir cambios drásticos en las leyes nacionales que limitan los derechos de los trabajadores, también señaló Tom Ricker, miembro de la organización Stop CAFTA (siglas del pacto en inglés), de Estados Unidos.
Si Estados Unidos posee una población de 280 millones de habitantes y un 12 por ciento de pobres, Honduras, Nicaragua, El Salvador, Guatemala y Costa Rica fluctúan entre los 6,8 y 11,9 millones de pobladores, de los cuales sobreviven en la pobreza más del 60 por ciento.
La estrategia de firmar tratados bilaterales, al estilo del TLC con Centroamérica y República Dominicana, responde a la necesidad de Washington de garantizar la exportación al por mayor de los enormes excedentes de su producción agroindustrial, entre otras razones.
Pero en especial, aspira a solucionar el gigantesco déficit comercial que enfrenta su economía e incrementar el proceso de remisión desde el exterior de utilidades, pagos por el uso de patentes y capitales, que la sostienen.
Según cifras del Departamento de Comercio, desde el primer trimestre del 2002 el saldo deficitario rebasó los 39 mil 240 millones de dólares, por encima de los 38 mil 870 millones de dólares registrados en igual período del año anterior.
Cintia Smith Pussetto, estudiosa del asunto, aseguró que en igual orden, se inscribe la intención de facilitar a las transnacionales la apropiación y explotación de recursos acuíferos, biodiversidad, petróleo, gas, minerales, fuentes energéticas y espacios geoestratégicos para aumentar su competitividad.
Estas urgencias guardan relación con el progresivo agotamiento de los recursos hídricos, minerales y petrolíferos en territorios estadounidenses, sometidos a sobreexplotación, consideró el investigador mexicano Gian Carlos Delgado.
Los acuíferos de California, por ejemplo, se están secando; el río Colorado está siendo “ordeñado” al máximo y los niveles de agua del Valle de San Joaquín (California), descendieron en algunas zonas más de 10 metros en los últimos 50 años, argumentó.
Otro posible interés de Estados Unidos es propiciar el sostenimiento del neoliberalismo, impulsado desde la década de los ochenta, y que constituye la base de la estrategia de acumulación de capitales en boga, consideró el profesor costarricense Armando Barahona.
Estos factores, y la vertical expansión del endeudamiento externo con la correlativa erosión del dólar como moneda internacional, están detrás de la decisión de impulsar un plan completo de recolonización del continente, según el académico ecuatoriano René Báez.
Pero, ¿por qué Centroamérica?, se preguntan algunos a pesar de que la respuesta está contenida en las múltiples páginas escritas por los estudiosos de las relaciones de Estados Unidos con la región.
Desde mediados del siglo XIX, cuando la nación norteña procuraba impulsar su desarrollo al nivel de los grandes imperios de la época, los istmos centroamericanos- Tehuantepec (México), Nicaragua y Panamá- acapararon muchas miradas.
Además de su posición estratégica con relación a todo el hemisferio, estos puntos geográficos de la llamada cintura de América, constituían vías más rápidas y seguras para el comercio de oro extraídos de los territorios mexicanos bajo su poder.
Esas rutas hacia el oeste cobraron vigencia ante el peligro de un supuesto ataque terrorista que obstruyera el paso por el Canal de Panamá, posibilidad sobre la que se insiste desde el atentado a las torres gemelas neoyorquinas, 11 de septiembre del 2001.
Esos y otros atributos geoestratégicos de la región adquieren relevancia en el ámbito de la aplicación de la actual estrategia de acumulación de capitales y fueron ignorados por los gobernantes centroamericanos al aceptar las condiciones del TLC.
Casi en su totalidad, el comercio estadounidense se orienta a Latinoamérica y Asia y la concreción de un Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA), en la agenda de Bush, precisa del control de la zona para poder avanzar hacia el resto del continente.
También de Chiapas, sur de México, a Panamá se localiza el siete por ciento de la biodiversidad del planeta y aunque ese corredor biológico abarca apenas un 0,5 por ciento de la superficie terrestre, ocupa el segundo lugar después de la Amazonia, por su riqueza ecológica.
A su vez, la cercanía de Estados Unidos con México, su principal socio del sur, favorece el trasiego comercial, incluso de drogas, y de personas, por lo que necesitan redoblar la vigilancia en el área.
La cierta estabilidad institucional en estas naciones, a pesar de los elevados índices de violencia e inseguridad ciudadana, benefician el despliegue de las intenciones norteamericanas, que se sirven del tradicional apego de los gobernantes y las oligarquías de estos países a Estados Unidos.
Los ligeros avances en el proceso integracionista centroamericano, sobre todo en materia de inversiones e intercambio comercial, constituyen uno de los pasos previos al TLC, que de manera oportunista, Washington tampoco perdió de vista al formular su propuesta.
Todo lo anterior explica el interés renovado por fortalecer las ataduras que sujetan a Centroamérica a los hilos del gran capital y de los grupos de poder estadounidenses y de ello se infiere que estos no cejarán en el empeño.