Leovani García (PL).- A pesar de las presiones internas y externas, el Gobierno ecuatoriano termina este 2005 sin firmar un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, ante la inflexibilidad de la Casa Blanca en temas como la agricultura y propiedad intelectual, entre otros.
Desde el inicio de las pláticas en el 2004 con Bogotá, Lima, y Quito, sólo las autoridades peruanos flaquearon ante las imposiciones norteamericanas, que se resisten a eliminar los millonarios subsidios a sus agricultores.
En la última XIV ronda de noviembre pasado, los ecuatorianos declararon haber llegado al límite de sus concesiones en la negociación y se niegan a poner en riesgo su seguridad alimentaría.
El ministro de Comercio Exterior Jorge Illingworth dejó claro que con la postura de Washington no era posible llegar a convenio alguno, por lo que se optó por fijar la realización de una nueva cita en febrero del 2006.
Este fracaso demuestra la inflexibilidad estadounidense en temas sensibles como la agricultura, la propiedad intelectual, medidas sanitarias y fitosanitarias.
Sin embargo, las presiones sobre el Gobierno nacional son enormes, pues si no rubrica, el país perderá en diciembre del 2006 los privilegios arancelarios para ingresar al mercado norteamericano.
Estas franquicias, obtenida mediante el Sistema Andino de Preferencias Arancelarias por la Lucha Antidroga (ATPDEA), constituye la principal arma de Estados Unidos para mantener sometidos a los ecuatorianos.
Washington es hoy el principal socio comercial de este país, al ser el destinatario de más del 40 por ciento de las exportaciones nacionales.
Por ello, las autoridades se muestran preocupadas y en declaraciones a la prensa unas veces dicen que el TLC va y en otras sostienen que negociarán con dignidad y no claudicarán.
Los estadounidenses se mantienen sin alterar sus políticas de protección a su producción interna, lo que ha dado como resultado un recorte de la producción agrícola desde Río Grande hasta la Patagonia, según estadísticas.
A juicio de expertos, una zona de libre comercio que arranque con distorsiones, como las existentes, no genera iguales condiciones de competencia.
Un fiel ejemplo de esto es México, que firmó hace 12 años un acuerdo de libre comercio con su gran vecino del norte y de exportador de maíz se ha convertido en importador de ese grano.
Por tales motivos, organizaciones civiles e indígenas ecuatorianas contrarias al TLC sostienen que se deben tomar en cuenta las diferencias en tamaño y niveles de desarrollo de los países, para que todos participen en condiciones de equidad.
Estos grupos adelantaron que el 2006 intensificarán la campaña en contra de ese tratado, que de aprobarse tendrá fuerza supranacional e imposibilitará a los gobiernos emprender programas sociales.
Por ello, la insistencia estadounidense para firmar este acuerdo, que constituye una nueva forma de colonización de los pueblos latinoamericanos, según advierten expertos.
La situación ha llegado a tal término, que la embajadora de Estados Unidos, Linda Jewell, ha advertido que no habrá TLC si no se resuelve la situación de la petrolera de su país Occidental (Oxy), a pesar de que tal asunto no forma para del diálogo.
Y en tal asunto, el Gobierno muestra indecisión, pues no desea molestar a Estados Unidos, mientras la justicia y la población reclama la anulación de todo convenio con la Oxy, por violar las leyes nacionales.
Ecuador no ha conseguido nada provechoso de estas negociaciones, pese a que ha reclamado un tratamiento especial y diferenciado para su pequeña economía.
Las pláticas están estancadas y según el ministro de Comercio Exterior, esperan una respuesta de Washington al pedido de Quito en torno a los temas pendientes.
El país ha hecho un esfuerzo enorme para acercarse a la tesis estadounidense, pero no ha habido voluntad ni decisión de la parte norteamericana en avanzar, aseveró recientemente.
Para Illingworth, ese esfuerzo equivale a una desgravación de 220 millones de dólares que el país aceptará para bienes de Estados Unidos desde el primer día de vigencia del tratado.
Esos millones de dólares representan un poco menos que lo que ganamos con el ATPDEA, aseveró el titular al referirse a los productos que hoy tienen beneficios arancelarios.
Los estadounidenses ponen trabas ahora al ingreso de bienes más importantes, como son las flores, brócoli y mangos.
Los negociadores nacionales insisten asimismo en que los norteamericanos deben aplicar una exclusión técnica para el arroz, leche en polvo y muslos de pollo congelados.
En torno a la carne (despojos y vísceras), el país acudirá a la Organización Mundial del Comercio (OMC) para buscar el incremento del arancel del rubro hasta llegar al que tiene Colombia (80 por ciento en carnes y 70 por ciento en vísceras y despojos).
Las autoridades quieren que la desgravación se inicie desde esos montos. Según datos recientes, no existen acuerdos en productos como el arroz, trozos de pollo y leche en polvo.
Tampoco hay consenso en temas de Propiedad Intelectual, ni en Medidas Sanitarias y algunos negociadores sostienen que las preocupaciones mayores están en la mesa de servicios, que podrían acabar con las consultorías y otras entidades ecuatorianas.
La práctica lo demuestra: la apertura del mercado mexicano a sus vecinos del norte trajo consigo un crecimiento de su economía, que no ha acabado con la miseria, ni problemas sociales de ese territorio.
Para qué entonces sirve el TLC a los pobres ecuatorianos, que representan el 65 por ciento por ciento de su población, preguntan algunos.
Este acuerdo €“según líderes indígenas- es discriminatorio y contribuirá a la perdida de la biodiversidad, la desaparición de la diversidad cultural y la privatización de los recursos naturales.
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Ecuador 2005: el TLC con Estados Unidos sigue pendiente
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