(Roberto Hernández, PL).- Con el rechazo de los pueblos casi desde su propuesta por Estados Unidos hace cuatro años, el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) estuvo todo 2005 en aprietos ante la férrea oposición de gobiernos y organizaciones sociales.
La insistencia de Washington, mucho más fuerte durante la IV Cumbre de las Américas en la ciudad argentina de Mar del Plata en noviembre pasado, puso al proyecto entre la vida y la muerte ante las insalvables asimetrías y discrepancias en la región.
Tras mantenerse en un silencio casi sepulcral luego de no entrar en vigencia en enero de 2005, la Casa Blanca trató de relanzar el ALCA en la Cumbre, que reunió a mandatarios de los 34 países miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA).
Para el economista chileno Hugo Fazio, director del Centro de Estudios Nacionales de Desarrollo Alternativo, la negociación por el libre comercio confrontó a los cinco miembros plenos del Mercado Común del Sur (MERCOSUR) con Estados Unidos.
El MERCOSUR, creado en 1991 por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, y al que se unió Venezuela este año, tiene además como asociados externos a Colombia, Perú, Bolivia, Chile, Ecuador y México.
La mayor fricción se debe a la resistencia de Washington a aceptar el libre comercio en los productos agropecuarios y su negativa a negociar medidas antidumping (contra la competencia desleal de precios) en el ALCA, con el argumento de que este asunto estaría en el acuerdo de la Organización Mundial de Comercio (OMC).
Desde 2003, y ante el fracaso en el avance del ALCA, el gobierno que encabeza George W. Bush da prioridad a los acuerdos bilaterales de comercio, entre los cuales se incluye el tratado con Chile, que cumplió el 1 de enero de 2005 su primer año de vigencia.
Washington negocia igualmente tratados con cuatro de los cinco miembros de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), es decir Bolivia, Ecuador, Colombia y Perú, pues dejó de lado a Venezuela, por su hostilidad manifiesta al gobierno de Hugo Chávez.
Sin embargo, la administración de Alejandro Toledo tras cerrar a inicios de diciembre su trato con Estados Unidos dejó en la empalizada al resto de los miembros de la CAN y de paso se privó de eventuales ventajas en la ronda de Doha.
"En este contexto (de firma de acuerdos de libre comercio), más que nunca pasa a ser necesaria una concepción colectiva de los países latinoamericanos sobre la concepción regional, que hasta ahora no existe", según Fazio, quien fue vicepresidente del Banco Central de Chile en el gobierno del asesinado Salvador Allende (1970-1973).
Cuatro años después del lanzamiento por el entonces presidente William Clinton en la ciudad floridana de Miami, la iniciativa tenía escasos avances durante la II Cumbre de las Américas en Santiago de Chile.
Tanto la cita de Santiago (1998) como la siguiente (Quebec, Canadá, en 2001) dejaron en la agenda el tema del Acuerdo continental, una opción que no pudo mantener Bush en la reciente Cumbre de Mar del Plata, ante la división en la región sobre el tema.
Y eso pese a que la ciudad mexicana de Monterrey albergó en enero de 2004 la "Cumbre Extraordinaria para avanzar hacia el ALCA".
En Monterrey también quedó en evidencia que el 44 por ciento de los latinoamericanos vivían por debajo de la línea de pobreza y que unos 11 millones carecían de agua potable y saneamiento, cifras que no disminuyeron en 2005.
Como parte de la doctrina neoliberal predominante en la región, dibujada por la poderosa alianza con el capital transnacional, el ALCA se perfila como una nueva redistribución del hemisferio en su contenido económico, político y hasta en el medio ambiente.
No en vano, el borrador inicial del proyecto estuvo vedado por mucho tiempo a los parlamentos nacionales, partidos políticos y la opinión pública de los países involucrados, y hoy -más de una década después- apenas una mínima parte del documento es de conocimiento general.
La concepción de "libre comercio" abanderada por Estados Unidos traspasa todo lo relativo a la producción, agricultura, los mercados, las inversiones, políticas de competencia, compras del sector público, solución de controversias, bienes y servicios, así como la propiedad intelectual y la biodiversidad.
Entre los riesgos que advierten los entendidos de la materia están las ataduras que establece el convenio a las decisiones soberanas de los gobiernos firmantes con respecto a la protección de sectores y temas estratégicos de interés nacional.
Así, la economía, la salud y la educación, además de seguridad alimentaria y medio ambiente en tanto mercancías serán patrimonio exclusivo de las transnacionales, en su mayoría estadounidenses.
Por si fuera poco, en caso de controversias los Estados tendrán que vérselas en una posición desigual con los consorcios y particulares en tribunales arbitrales privados, donde los fallos serán inapelables.
Aunque 29 países, encabezados por Estados Unidos, Canadá y México, cuyo presidente Vicente Fox sirvió de vocero a los intereses estadounidenses, decidieron mantener las tratativas para el ALCA el año próximo, otras cinco naciones lo rechazaron alegando que no están dadas las condiciones para acuerdo comercial tan ambicioso.
A la vista, los opositores a la medida constituyen minoría en la región, pero lo cierto es que Venezuela, Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay (los miembros del MERCOSUR) representan las tres cuartas partes de la economía en Sudamérica.
Los aprietos del ALCA en 2005 no solo se debieron a la tozudez norteamericana de eliminar subsidios agrícolas, sino al desarrollo de su antídoto: la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), que tiene en Cuba y Venezuela a sus principales impulsores.
Por si fueran pocos los avances del ALBA, la recién concluida Cumbre del MERCOSUR en Montevideo significó la revitalización del bloque y un peldaño más hacia la conformación de la Comunidad Sudamericana de Naciones (nacida en Cusco, Perú, 2004).
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ALCA, un año en aprietos
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