Anaray Lorenzo Collazo
(PL).- El Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA) se mantuvo la semana pasada en el centro de las relaciones diplomáticas entre gobiernos de la región, como era de esperar tras su rotundo fracaso.
Con el cierre de la IV Cumbre de las Américas en Mar del Plata, Argentina, el fantasma de la cuestionada iniciativa estadounidense quedó sepultado, aunque las posibilidades de un nuevo relanzamiento continúan al acecho.
Las respectivas posturas de los presidentes Hugo Chávez, de Venezuela, y Néstor Kirchner, de Argentina, en contra de ese proyecto determinaron enconadas críticas del gobernante mexicano, Vicente Fox. Su actuación en el foro, calificado de irresponsable y lamentable, lo confirmó como "peón de brega de la visión expansionista del destino manifiesto y al servicio de un modelo económico neoliberal", según el destacado analista internacional mexicano Carlos Fazio.
Después de fustigar a Venezuela por sus denuncias sobre el hegemonismo y la desigualdad que implica el ALCA, el jefe de Estado mexicano encontró una respuesta enérgica de Chávez, quien lo tildó de "cachorro del imperio".
Las tres cancillerías se involucraron entonces en una controversia que determinó más críticas a la política exterior del actual jefe de la Casa Blanca, George W. Bush, y apoyo a la Alternativa Bolivariana para las Américas, impulsada por Caracas.
Aunque a nivel diplomático el panorama comienza a estabilizarse, prevalece la firmeza del Mercado Común del Sur (MERCOSUR), que integran, además de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay como primeros socios, en relación con el ALCA.
La unión aduanera, considerada el mayor pacto de integración regional en América Latina, dejó claro que no va a asumir un compromiso con ese tratado, mientras Estados Unidos se resista a eliminar los subsidios agrícolas.
Tales subvenciones, ascendentes a más de 300 mil millones de dólares anuales y también defendidas por la Unión Europea, provocan pérdidas millonarias a las naciones pobres, y amenazan con hacer fracasar las negociaciones para el libre comercio mundial.
Las actuaciones de Washington, en aras de establecer acuerdos individuales de libre comercio, sustentan su aspiración de convertir definitivamente a Latinoamérica en el campo de acción de sus empresas.
México, con sus 106 millones de habitantes, rubricó con Estados Unidos y Canadá el Acuerdo de Libre Comercio de Norteamérica (NAFTA).
Por la parte sudamericana, Colombia, Ecuador y Perú negocian un Tratado de Libre Comercio (TLC), que debe concretarse antes de fin de año.
Bogotá, aliado de la Casa Blanca, recibe tres mil 500 millones de dólares en concepto de "ayuda militar para combatir a la guerrilla y el narcotráfico", en correspondencia, su política exterior va siempre en dirección de la del Departamento de Estado norteamericano.
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ALCA: el jaque a la diplomacia o un estertor desesperado
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