(Carlos Bernales).- La aprobación al TLC por la Cámara de Representantes de EEUU que celebra la burguesía peruana y saludan sus medios de comunicación tiene todos los componentes de una cómica tragedia. Se percibe como la algarabía de un marido orgullosamente cornudo que entrega su esposa al vecino rico para que se acueste con ella. Esta es, sin dudas, la complacencia de una burguesía que siempre renunció a poseer el país que la historia le había otorgado, para entregarlo a una potencia extranjera.
Función de yapa ha sido el festejo de la llamada “Comisión Negociadora” cuya única labor fue aceptar sin enmiendas toda la propuesta yanqui, a cambio de costosos viajes, viáticos y sueldos para ejercer como “la comisión chicheñó” que dijo “si o sí” a todo lo que ordenaron los imperialistas.
Este entreguismo ha de marcar el final de una trayectoria marcada por el colonialismo mental en una casta que detentaba el poder desde que los españoles dejaron el Perú y que nunca supieron cómo construir un país, mucho menos una nación. No es casual que hoy, algunos de los “intelectuales” de derecha pongan al día la idea que el Perú no estuvo nunca preparado para la independencia. Claro, si reemplazamos la palabra “Perú” por burguesía peruana, estaremos completamente de acuerdo, porque ante todo, nos guste o no, los países son también resultado de sus clases dirigentes.
Esa costra parasitaria, sin imaginación, sin identidad y más bien con desprecio por el país que le tocaba dirigir, ha gobernado el Perú más con ganas de entregarlo a quien sea, como si tuvieran entre manos una papa caliente. Un hecho que simboliza la clase que gobierna el Perú desde 1821, es el caso de uno de los primeros presidentes, José Bernardo de Tagle Portocarrero, Marqués de Torre Tagle, quien tuvo el poder por un día, del 27 al 28 de febrero de 1823, sólo para entregarse a los españoles acantonados en el Real Felipe, que estaba convertido en reducto final de un virreynato que fallecía irremediablemente.
Acostumbrada a regirse por la fuerza de un poder imperial que venía de lejos, la oligarquía criolla sólo aprendió a seguir órdenes, y a no pensar, mucho menos en ingeniárselas para producir. Mariátegui, en Proceso a la Instrucción Pública cita un discurso de Manuel Vicente Villarán en el que se afirma: “El español trajo a la empresa de la colonización de América su espíritu medioeval. Fue sólo un conquistador; no fue realmente un colonizador. Cuando España terminó de mandarnos conquistadores, empezó a mandarnos únicamente virreyes, clérigos y doctores”.
Más adelante, en una cita que vale la pena transcribirla completamente define la clase que gobernó, gobierna aun, el Perú: “La América -escribía el doctor Villarán-, no era colonia de trabajo y poblamiento sino de explotación. Los colonos españoles venían a buscar la riqueza fácil, ya formada, descubierta, que se obtiene sin la doble pena del trabajo y el ahorro, esa riqueza que es la apetecida por el aventurero, por el noble, por el soldado, por el soberano. Y en fin, ¿para qué trabajar si no era necesario? ¿No estaban allí los indios? ¿No eran numerosos, mansos, diligentes, sobrios, acostumbrados a la tierra y al clima? Ahora bien, el indio siervo produjo al rico ocioso y dilapidador. Pero lo peor de todo fue que una fuerte asociación de ideas se estableció entre el trabajo y la servidumbre, porque de hecho no había trabajador que no fuera siervo. Un instinto, una repugnancia natural manchó toda labor pacífica y se llegó a pensar que trabajar era malo y deshonroso. Este
instinto nos ha sido legado por nuestros abuelos como herencia orgánica. Tenemos, pues, por raza y nacimiento, el desdén al trabajo, el amor a la adquisición del dinero sin esfuerzo propio, la afición a la ociosidad agradable, el gusto a las fiestas y la tendencia al derroche” (no subrayado en el original).
“Se llegó a pensar que trabajar era malo y deshonroso… la adquisición del dinero sin esfuerzo… la afición a la ociosidad…”, ¿no parece la descripción actual de la clase parasitaria que gobierna el Perú, y que acaba de entregar el país al amo yanqui, mediante el TLC?
Para Estados Unidos, el TLC con Perú no representa gran cosa. El comercio con el Perú, según cifras oficiales apenas llega al 1.5%. Posiblemente sea menos que eso. Empero, el éxito del abultado voto a su favor, en el Capitolio yanqui, no debe interpretarse como el propósito de favorecer al Perú en algo. Ha sido simplemente una medición de fuerzas para consolidar la implantación del programa capitalista liberal que Bush representa y que ha unificado a demócratas y republicanos en defensa del sistema que tantos beneficios rinde al imperio.
Lo destacable, en esto de conseguir congresistas yanquis en apoyo de algo, es un juego corrupto que funciona oficialmente y se conoce como “cabildeo” en el que opera una red montada la compra de conciencias en esta Cámara de Representantes.
Hubo un tiempo, durante la época de la cuota azucarera, en que las repúblicas del Caribe, representadas por las dictaduras de Trujillo, Batista, tenían un bien montado sistema de compra de congresistas. En República Dominicana se recuerda a Porfirio Rubirosa, amigo de varias estrellas de Hollywood a quienes en temporada de cabildeo llevaba a la isla quisqueyana, para que entretuvieran a los congresistas que votarían a favor del incremento de la cuota azucarera en favor del país que les proporcionaba tan “buen trato”. Esos bacanales cabilderos costaban una fortuna.
¿Cuanto le ha costado al Perú el cabildeo para llevar demócratas hacia el apoyo al programa republicano que representa el genocida neoliberal George W. Bush?
¿Cuanto robó al estado, vale decir al pueblo peruano, la burguesía churreta para hacerse el harakiri como clase? Porque no se crea que ellos quedarán bien parados, la historia ha demostrado que el servilismo de los cipayos nunca les ha proporcionado beneficios. La burguesía peruana lo sabe, basta verificar su decadencia a partir de la lectura del libro de Carlos Malpica, Los dueños del Perú, en que se registra un abultado número de familias que, incapaces de modernizarce en una conversión de oligarquía terrateniente a burguesía, durante el período de revolución capitalista de la dictadura de Velasco Alvarado, terminó minimizada a mediados de los 80’s en los llamados “12 apóstoles” de los cuales ahora no quedan sino dos o tres grupos que, como los Romero, sobreviven convirtiéndose en socios menores de… ¡los capitalistas chilenos!
Por otro lado, los otrora grandes apellidos están asociados a negocios menores juntando centavitos en las franquicias que proporcionan la Macdonals o los KFC, y que se ganan sin mucho esfuerzo. Es esta casta, cuyo racismo despreciable se formó durante la conquista y el virreynato, la que entrega el Perú como antes entregaban a manos de administradores “sus haciendas y sus indios” mientras derrochaba el dinero en Europa. La diferencia está en que los nuevos dueños ya no les rendirán cuentas, con lo que sus fortunas se irán haciendo agua. El futuro que les espera a los nietos de los Romero, o los Brescia, será el mismo, o ir de meseros a Miami, o ser intelectuales plagiarios como Bryce Echenique, o portapliegos en una empresa chilena, o esperar la muerte del padre, como el expresidente fujimorista Francisco Tudela van Breugel-Douglas, ¡puaj!, para terminar de gastarse lo que le queda a “la fortuna de familia”. Estos ya están haciendo agua, por lo pronto, ya se ve al Dionisio de la familia poniendo el grito al cielo por la apertura de un nuevo Banco, “se funciona mejor sin competencia” ha dicho el señor… como ¿no es que el capitalismo es competencia, patrón?
Basta pues, esta gente cada vez está mas cerca del tacho de basura y ya huele a tal, a churreta.
La construcción del Perú como estado-nación, sólo será posible liquidando el actual estado corrupto que se maneja como una Oficina de Intereses al servicio de las corporaciones del capitalismo imperialista. Una vez más está demostrado que la ex-burguesía peruana, que acaba de firmar su acta de defunción con el TLC, es el mayor estorbo que impide que un sistema basado en la planificación económica al servicio del pueblo, basado en la propiedad social de los medios de producción, esto es el socialismo, se implante para beneficio de todos. Esto pone en el tapete, hoy más que nunca, la lucha por la revolución socialista, cuyo poder no nace del fusil como se dijo alguna vez por quienes causaron el mayor destrozo a la causa revolucionaria: el poder nace de la razón.
Sigan celebrando, señores burgueses, los cuernos que a sí mismos se han puesto, al entregar el país al amo imperialista con su TLC. No está lejos el día en que todos estos tratos sean desconocidos usando una doctrina que los propios Estados Unidos le implantaron a España en 1898 y que han vuelto a sacudir en Irak: los tratados y las deudas contraídas a la fuerza y que no fueron al servicio del pueblo, no se respetan ni se pagan.